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Problemática de salud en América Latina

Fecha: 22/02/2012

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Problemática de salud en América Latina


Autor: Dr. Javier Morán
Socio Director de Food Consulting y Director del Instituto de Innovación Alimentaria de la Universidad Católica San Antonio, Murcia, España.


La epidemia de las enfermedades crónicas amenaza el desarrollo económico y social y la vida y la salud de millones de personas. En 2005, unos 35 millones de personas de todo el mundo murieron debido a las enfermedades crónicas. Esta cifra duplica el número de defunciones debidas a todas las enfermedades infecciosas (incluida la infección por el VIH y el SIDA, la malaria y la tuberculosis), las condiciones maternas y perinatales y las carencias nutricionales. Se calcula que las defunciones por las enfermedades infecciosas, las afecciones perinatales y las carencias nutricionales disminuirán 3% en los próximos 10 años, mientras que las muertes debidas a las enfermedades crónicas aumentarán 17% para 2015.

Actualmente, las enfermedades crónicas son la principal causa de muerte y discapacidad prematuras en la gran mayoría de los países de América Latina. En 2002, representaban 44% de las defunciones de hombres y mujeres menores de 70 años de edad y provocaron dos de cada tres defunciones en la población total. Las enfermedades crónicas contribuyeron a casi 50% de los años de vida ajustados en función de la discapacidad perdidos en la Región. La carga de morbilidad crónica puede ser aún mayor de lo que indican estas estadísticas habida cuenta de que el número de notificaciones de fallecimientos en la Región es considerablemente inferior al real. Las enfermedades crónicas más frecuentes y las de mayor importancia para la salud pública en la Región son las enfermedades cardiovasculares, incluida la hipertensión, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes.

Se calcula que en el primer decenio del siglo XXI fallecerán cerca de 20,7 millones de personas víctimas de las enfermedades cardiovasculares. En 2005, 31% de todas las defunciones ocurridas en América Latina pudieron atribuirse a estas enfermedades. Según los pronósticos, en los próximos dos decenios la mortalidad por cardiopatías isquémicas y accidentes cerebrovasculares en América Latina aumentará cerca de tres veces.

La hipertensión es uno de los factores de riesgo más importantes para las cardiopatías y afecta entre 8% y 30% de los habitantes de la región. México, uno de los pocos países que ha realizado más de una encuesta de factores de riesgo de enfermedades crónicas, determinó que la prevalencia de la hipertensión había aumentado de 26%, en 1993, a 30% en 2000.

El cáncer es la causa de 20% de la mortalidad por enfermedades crónicas, y en 2002 había causado unas 459.000 defunciones. Esto representa un aumento de 33% en la Región desde 1990. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que para 2020 en América Latina se producirán 833.800 defunciones causadas por el cáncer.

Actualmente, 35 millones de personas en la Región sufren de diabetes y la OMS estima que para 2025 esta cifra aumentará a 64. Se calcula que en 2003 la diabetes estuvo vinculada con unas 300.000 defunciones en América Latina y el Caribe, aunque las estadísticas oficiales sólo la relacionan con unas 70.000 defunciones al año. Además, en 2000 los costos sociales de la diabetes se calcularon en 65.000 millones USD.

La "transición nutricional" en nuestra Región se caracteriza por un escaso consumo de frutas, verduras, granos integrales, cereales y legumbres. A esto se suma un consumo relativamente alto de alimentos ricos en grasas saturadas, azúcares y sal, como la leche, las carnes, los cereales refinados y los alimentos procesados. Estas características de la alimentación constituyen un factor clave que genera un aumento de la prevalencia del sobrepeso y la obesidad. Las encuestas de población de América Latina indican que, en 2002, entre 50% y 60% de los adultos y entre 7% y 12% de los niños menores de 5 años de edad exhibían sobrepeso o eran obesos. En Chile y México, las encuestas nacionales de 2004 indicaron que 15% de los adolescentes eran obesos. La prevalencia del sobrepeso en los adultos es de 45% y 65% en Canadá y los Estados Unidos de América, respectivamente.

Además, 30% a 60% de la población de la Región no logra siquiera realizar el mínimo de actividad física recomendado. Para los adolescentes, esta falta de actividad física es especialmente preocupante, ya que el desarrollo de hábitos saludables se logra en esta etapa y éstos generalmente se mantienen durante toda la vida. A medida que las ocupaciones han pasado de la agricultura, u otras que entrañan trabajo manual, a las del sector de los servicios, se ha reducido el nivel de actividad física. Esto ha sido impulsado por la creciente urbanización y el aumento del transporte, las políticas de zonificación urbanas que promueven la creación de suburbios en los que se hace imprescindible el uso del automóvil, la falta de atención a las necesidades de los peatones y los ciclistas en la planificación urbana, la profusión de dispositivos que ahorran trabajo en el ámbito doméstico y el uso creciente de computadoras en el trabajo y con fines de entretenimiento.

En resumen, los factores determinantes clave de las enfermedades crónicas se ilustran en la siguiente figura.


1. Influencia del entorno internacional: la globalización, la urbanización, la tecnología, las migraciones.
2. Factores determinante ambientales: Las condiciones sociales, económicas, políticas, como el ingreso, las condiciones de vida y de trabajo, la infraestructura física, el ambiente, la educación, el acceso a los servicios de salud y los medicamentos esenciales.
3. Factores de riesgo conductuales: El consumo de tabaco, los regímenes alimentarios insalubres; la inactividad física; el consumo de alcohol.
4. Factores de riesgo biológicos:
a. Modificables: el exceso de peso y la obesidad; los niveles de colesterol elevados; la hiperglucemia; la hipertensión.
b. No modificables: la edad; el sexo; los factores genéticos; la pertenencia a una raza determinada.
5. Enfermedades crónicas: enfermedades cardiovasculares incluidas la hipertensión, los distintos tipos de cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas.

Impacto de las enfermedades crónicas no transmisibles (ENT) en la salud

La epidemia global de ENT ha afectado muy pronto y de forma severa a la región de las Américas. En la actualidad, las ENT son las principales causas de muerte y discapacidad, lo que representa más de 3,9 millones de muertes anualmente, o el 75% del total de muertes en toda la región.

Al igual que en otras partes del mundo, la enfermedad cardiovascular, las enfermedades respiratorias crónicas, el cáncer y la diabetes son las ENT más frecuentes. Se estima que en 2007 murieron en las Américas 1,5 millones de personas debido a enfermedades cardiovasculares; 1 millón de personas por cáncer; 230.000 por diabetes y 200.000 por enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Estas cifras, así como el número de personas que viven actualmente con ENT, son sorprendentes. Aunque no se dispone de una cifra exacta para las Américas en su conjunto, se estima que el número de personas que vive con una ENT en la región es considerable. Muchas se ven afectadas desde el comienzo por varias ENT, o sufren la exacerbación de alguna enfermedad.

Para 2030, se ha proyectado un aumento del 42,4% de las ENT para la región, en caso de continuar las actuales tendencias. A pesar de la enorme diversidad económica, social y étnica de las Américas, ningún país o comunidad se ha librado de la epidemia. La carga de enfermedad causada por las ENT varía entre el 64% en la región andina y el 86% en América del Norte. En su origen, las ENT fueron un problema primordialmente para los países ricos y determinadas poblaciones de los países de medianos ingresos. Sin embargo, ahora su incidencia está creciendo más deprisa y alcanzando altas tasas de enfermedad en un período mucho más corto en los países de bajos ingresos que en los países ricos. La reducción de este período como resultado del rápido aumento de las ENT es preocupante, especialmente porque la mayoría de los países de bajos ingresos continúan sufriendo cargas significativas de enfermedades infecciosas, lo que crea una "doble carga" de enfermedad. Los sistemas de salud, ya de por sí sujetos a presión, tienen poco tiempo para reaccionar a las complejas necesidades surgidas de esta doble carga.

En consecuencia, la inadecuada atención aumenta enormemente los riesgos asociados con las ENT, que incluyen la discapacidad a largo plazo y menores oportunidades de supervivencia, particularmente en los países y comunidades de bajos ingresos.

La epidemia de ENT en las Américas ha sido provocada por un cambio demográfico, económico y social sin precedentes, que ha llevado a los factores de riesgo de las ENT a alcanzar niveles no observados previamente.

Gracias a mejoras significativas en la supervivencia infantil, al embarazo seguro y a los éxitos en la lucha contra las enfermedades infecciosas, los países en toda la región de las Américas están experimentando transiciones demográficas de unas sociedades predominantemente jóvenes a otras crecientemente envejecidas. Las personas mayores de 60 años representan actualmente el 10% de la población en América Latina, cifra que se espera que aumente al 25% para el año 2050.

En los países industrializados, la transición demográfica que tuvo lugar durante los pasados 100 años, fue impulsada en gran parte por el desarrollo económico que, a su vez, ocasionó mejoras en la salud pública. En contraste, la actual transición demográfica en los países de más bajos ingresos de las Américas ha sido impulsada por mejoras en la salud pública, que han cambiado los patrones de las enfermedades y mejorado las tasas de supervivencia, pero en ausencia de cambios significativos en la riqueza. Como resultado, los países de menores ingresos están ahora luchando para enfrentarse a los retos impuestos por las sociedades envejecidas, pero careciendo de los recursos económicos adecuados para responder a las necesidades cambiantes de sus poblaciones.

Ahora bien, aunque se espera un incremento de las ENT en los países en los que está aumentando el número de ancianos, el ritmo y magnitud de la epidemia de ENT no puede atribuirse solamente al envejecimiento de la población. Los cambios significativos en los estilos de vida son en la actualidad los principales determinantes de los factores de riesgo y de las enfermedades en todas las edades. Tanto la industrialización como la urbanización y la globalización de productos y patrones de consumo, se consideran impulsores primarios del riesgo. En este sentido, son muchas las personas que dejan la vida rural en busca de nuevas oportunidades de empleo y desarrollo económico en entornos más industrializados. Esta nueva vida en la ciudad es dramáticamente diferente. Estilos de vida cada vez más sedentarios, acceso a alimentos industrializados baratos y presiones sociales para fumar y consumir excesivas cantidades de alcohol han causado niveles imprevistos de obesidad, hipertensión, hipercolesterolemia e hiperglucemia, todos ellos factores de riesgo de las ENT que pueden prevenirse. El fácil acceso a alimentos industrializados, tabaco y alcohol no se limita a las áreas urbanas. Actualmente, estos productos industrializados (como los alimentos empaquetados, las bebidas azucaradas y el tabaco) se encuentran incluso en las comunidades más aisladas de las Américas.

Las investigaciones han encontrado que en muchas comunidades donde es frecuente la exposición a contaminantes ambientales y la desnutrición infantil temprana motivada por la escasez de alimentos (tanto en el útero como durante la infancia) aumenta el riesgo de futuras enfermedades. Ninguna comunidad en las Américas es inmune.

Si no se llevan a cabo intervenciones sostenibles a nivel poblacional para mitigar sus causas, los principales factores de riesgo de las ENT (fumar, consumo excesivo de alcohol, inactividad y obesidad) no van a disminuir.

La obesidad, antes poco frecuente, continúa aumentando consistentemente en la región. Para 2015, se esperan tasas de obesidad hasta del 39% del total de adultos siendo las mujeres y los niños con menores ingresos especialmente vulnerables. Entre 30-60% de la población de la región no logra el nivel recomendado de ejercicio diario; y la mayoría de las personas no alcanza a consumir los niveles recomendados diarios de frutas y vegetales.

Las diferencias socioeconómicas y de género determinan la exposición a riesgos, el acceso al tratamiento temprano y a la atención, así como la falta de recursos financieros, que colocan a las poblaciones marginadas en una desventaja significativa. Con frecuencia, en las poblaciones vulnerables la enfermedad se detecta tardíamente, cuando los pacientes ya necesitan una atención aguda, la cual es muchas veces inaccesible ya sea por la debilidad de los sistemas de salud o por el precio demasiado caro para que puedan pagarlo. Estas diferencias existen tanto entre países, como dentro de los países.

Las diferencias en tasas de enfermedad y de supervivencia entre países son sorprendentes. Las investigaciones muestran que las tasas de mortalidad debidas a ENT son 56% más altas para los hombres y 86% más altas para las mujeres en los países en desarrollo, en comparación con quienes luchan contra las mismas enfermedades en entornos de mayores ingresos. En los países de bajos ingresos las personas mueren de ENT a edades más jóvenes que en los países más ricos. Más de 1,5 millones de muertes por ENT ocurren en personas menores de 70 años. A nivel mundial, aproximadamente el 33% de las muertes debidas a enfermedades crónicas en países de medianos ingresos se producen en menores de 60 años. En países de bajos ingresos, esta cifra aumenta aproximadamente al 44%. Estos promedios nacionales no ponen de manifiesto las extraordinarias diferencias en enfermedades prematuras, discapacidad y mortalidad que existen entre comunidades dentro de un mismo país. En Perú, una investigación reciente mostró una probabilidad cuatro veces mayor de tener múltiples factores de riesgo para enfermedad cardiovascular en los grupos más pobres, en comparación con los más ricos.

Aunque las Enfermedades Crónicas no son transmisibles, los factores de riesgo que las causan si se transmiten y se están propagando en proporciones epidémicas. Al igual que los esfuerzos para detener la propagación de las enfermedades infecciosas, es necesario que los programas para frenar la propagación de los factores de riesgo que conducen a las ENT tengan efecto en amplios grupos de población, con el fin de frenar la epidemia.

Impacto económico de las Enfermedades No Transmisibles

El coste financiero de las ENT en las Américas representa una amenaza creciente para la estabilidad económica regional. En la actualidad, pocos programas nacionales satisfacen adecuadamente las demandas para la prevención y atención de las ENT; no obstante, el porcentaje de recursos de salud que se gasta tratando de responder a las actuales necesidades ya constituye un reto para la mayoría de los países. En los Estados Unidos, el 85% del total de dólares gastados en salud se destina al tratamiento y atención de personas con ENT. Se espera que el coste total de la epidemia—incluidos la prevención, el diagnóstico, la atención y la pérdida de productividad— aumente significativamente en la próxima década debido a la propagación de las ENT, ejerciendo una presión sin precedentes sobre los sistemas de salud y las economías.

En Brasil, se estimó que el coste actual del tratamiento, unido a la pérdida de productividad económica debida a las ENT, es del orden de 72 millones de dólares. De manera especial, los países de menores ingresos se enfrentan a grandes desafíos para satisfacer las crecientes demandas de tratamiento y atención de las ENT puesto que los recursos actuales para la salud se dirigen en gran parte hacia la prevención y atención de las enfermedades transmisibles y a la mortalidad materna e infantil. La redistribución de los recursos existentes y la obtención de otros nuevos, son pasos esenciales en cualquier tipo de entorno si se desea que los sistemas de salud en las Américas tengan éxito en la respuesta a las necesidades evolutivas de salud de sus poblaciones.

Las necesidades de triaje, tratamiento y cuidados crónicos para las ENT están aumentando en toda la región. Proporcionar niveles adecuados de atención sanitaria es un reto incluso para los países más ricos. En América Latina, el gasto en materia de salud ha sido de alrededor del 6,5% del PIB en la pasada década. Sin inversión de nuevos recursos, los sistemas de salud están luchando para proporcionar la atención mínima necesaria para las ENT de la creciente población.

Dado que, en gran parte, los programas de tamizaje y diagnóstico temprano no consiguen llegar a la mayoría de la población, es muy frecuente que las personas busquen atención para una ENT cuando la enfermedad ya ha avanzado significativamente, y las únicas opciones que quedan son costosas atenciones agudas y paliativas. En algunos países, el tratamiento y los cuidados
paliativos en una etapa tardía no están disponibles o solamente son accesibles a un costo enorme para la persona y la familia que los necesita.

Tratar las ENT en fase aguda supone haber perdido la oportunidad de realizar un tratamiento preventivo y sobrecargar a los sistemas de salud con pacientes gravemente enfermos. Este enfoque también está teniendo funestas consecuencias económicas en las familias. En América Latina, el 39% del total de gastos en salud son pagos de bolsillo, la mayoría relacionados con las ENT. El impacto que tienen estos pagos en los ahorros de las familias, en las tasas de inversión individual y en el desarrollo económico nacional es considerable.

Existen ejemplos significativos sobre el impacto económico de la diabetes y la hipertensión. América Latina tiene una mortalidad debida a la diabetes más alta que cualquier otra región en el mundo. El costo actual del tratamiento de la diabetes se estima que es el doble del costo actual del tratamiento del VIH—llegando a 10,7 mil millones de dólares solamente en América Latina. Una investigación reciente de la Federación Internacional de la Diabetes muestra que, en 2010, el gasto en diabetes representó el 9% del total de los gastos en salud en América del Sur y Central; y llegó al 14% en América del Norte, incluidos los países del Caribe de habla inglesa y Haití. De manera similar, se estima que el coste actual de la hipertensión y la diabetes en Trinidad y Tobago, es del 8% del PIB. Investigaciones recientes en México muestran que, si la diabetes y la hipertensión continúan aumentando como se prevé, el gasto nacional en salud tendrá que aumentar un 5-7% cada año, solo para hacer frente a las necesidades de los nuevos pacientes. De manera similar, el cáncer también tiene un impacto económico dramático, que cuesta a los Estados Unidos 1,73% de su PIB.

Además de los costes del tratamiento, el comienzo temprano de las ENT y la resultante morbilidad prematura repercuten especialmente en la productividad económica. Una investigación realizada por USAID y la Facultad de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, muestra que el 50% de las personas en las Américas en edades entre los 30 y 60 años, tienen al menos una ENT. Según los estudios disponibles sobre factores de riesgo a nivel nacional en las Américas, el porcentaje de adultos que viven con tres o más factores de riesgo para ENT varía entre el 10% en Uruguay y el 46% en las Islas Vírgenes Británicas. Estos factores aumentan con la edad; en San Cristóbal, el
68% de la población entre 45 y 65 años tiene tres o más factores de riesgo. En Jamaica, el 82% de la población entre 65 y 74 años de edad tiene tres o más factores de riesgo.

El impacto de esta carga en el mercado laboral es muy preocupante. En las Américas, el porcentaje de hombres que superan los 15 años de edad y mueren antes de cumplir los 60, varía entre el 15% en los países del Cono Sur y el 25% en los países latinos caribeños. Las personas que padecen enfermedades crónicas tienen menores ingresos, mayor absentismo laboral, menos horas trabajadas y una mayor inestabilidad laboral debido a sus discapacidades.

Las consecuencias económicas de esta inestabilidad, asociada a la trágica muerte prematura de personas de sus familias y de sus comunidades y a la pérdida de fuerza laboral, hacen que las ENT sean un importante problema para el desarrollo económico. El Foro Económico Mundial señaló que las ENT son uno de los tres riesgos más probables y graves para la economía mundial, junto con la crisis financiera y la inflación. En Brasil, los investigadores predicen que la pérdida de ingreso nacional atribuible a las ENT puede alcanzar el 3,21% del PIB en 2015. Reducir estos costos a través de la prevención, la detección temprana, el acceso a medicinas asequibles y el uso de modelos emergentes para el autocuidado es de vital importancia en todos los entornos.

A pesar de la amenaza que suponen las ENT para la estabilidad económica, existen soluciones costo-efectivas para su prevención y tratamiento que pueden ser implementadas.

Varios países de medianos ingresos, entre los que destacan México, Brasil y Uruguay, han llevado a cabo investigaciones a nivel nacional para identificar cuáles ENT están causando mayor presión económica, y cuáles son las intervenciones costo-efectivas que pueden disminuir la carga de la enfermedad y las pérdidas que conlleva. Las intervenciones asequibles costo-efectivas existen a todos los niveles—desde las intervenciones a nivel poblacional, como reducir el consumo excesivo de sal hasta la atención clínica, la educación en salud y el acceso a medicamentos genéricos para el tratamiento de la hipertensión y la hipercolesterolemia.

Una revisión de los programas de hipertensión en México y Brasil, realizada por el Banco Mundial, encontró que las inversiones en campañas de concienciación pública, grupos de autoayuda, capacitación clínica y sistemas de información son costo-efectivas. En México, se demostró que cada dólar que se invierte para identificar y dirigir el tratamiento a pacientes de riesgo con condiciones de prediabetes y prehipertensión ahorra entre 84 y 323 dólares en costos de tratamiento a lo largo de un período de veinte años.

Enfermedades crónicas no transmisibles en América Latina

Cada año se producen unos 3,9 millones de defunciones por enfermedades no transmisibles, y aproximadamente 200 millones de personas padecen estas enfermedades. Esta última cifra incluye a unas 100 millones de personas con diabetes y 2,5 millones de personas diagnosticadas con cáncer cada año. Si no se detectan y no se tratan precozmente, estas enfermedades pueden causar complicaciones graves que amenazan la salud de las personas, su capacidad para trabajar y su bienestar general, y acarrean importantes cargas para las familias, las comunidades y los países. En Brasil, la segunda potencia económica de la Región, se calcula que sólo en 2005, las pérdidas en ingresos nacionales por cardiopatías, accidentes cerebrovasculares y diabetes alcanzaron los 3.000 millones de dólares.

Aunque tradicionalmente han sido denominadas "enfermedades de la abundancia", las enfermedades no transmisibles afectan a todos los países de la Región. En los países de bajos y medios ingresos, aproximadamente el 70% de las defunciones se deben a las enfermedades no transmisibles. Contrariamente a lo que se piensa, las ENT no sólo afectan a los ancianos; una tercera parte de las muertes por enfermedades no transmisibles en la Región se producen en personas menores de 70 años. Aunque las ENT afectan por igual a hombres y mujeres, la mayoría de las muertes prematuras (es decir, aquellas que ocurren antes de los 70 años de edad) se registran entre los hombres. En el caso de las mujeres, además de padecer estas enfermedades a menudo acarrean la carga adicional de ser las principales proveedoras de cuidados al enfermo (muchas veces sin recibir a cambio una compensación económica).

Cuatro factores de riesgo (el sedentarismo, el tabaquismo, el régimen alimentario poco saludable y el consumo nocivo de alcohol) afectan a otros factores biológicos de riesgo como la hipertensión arterial, la hiperglucemia, la dislipemia y la obesidad. Estos factores de riesgo y los cambios en los estilos de vida son motivo de preocupación en toda la Región. Estos cambios en los estilos de vida se ven afectados por otros factores a escala mundial, tales como la urbanización, la globalización, el progreso tecnológico y el desarrollo socioeconómico. La urbanización, por ejemplo, ha generado más puestos de trabajo relacionados con los servicios y la fabricación que en gran parte son de carácter sedentario. La globalización de los alimentos ha promovido un cambio en las preferencias dietéticas por alimentos muy procesados, de alto valor calórico y deficientes desde el punto de vista nutricional. El régimen alimenticio moderno es muy rico en grasas y azúcares, y la ingesta de sal es muy superior a los 5g/día recomendados. Este exceso de sal en la dieta procede de diversas fuentes, incluidas las comidas ya preparadas, y es, por sí sólo, el responsable de casi el 10% de las enfermedades cardiovasculares.

Estas modificaciones en los estilos de vida conllevan graves consecuencias. Quizás la más visible de ellas sea el sobrepeso y la obesidad. Se calcula que, como mínimo, un 50% de los adultos tienen sobrepeso en todos los países de las Américas. En algunos, como Jamaica, México, Nicaragua y los Estados Unidos, más del 75% de los adultos presentan sobrepeso. Las mujeres se ven afectadas especialmente por el sobrepeso y la obesidad, ya que por cada punto porcentual de incremento de su peso corporal en los años posteriores al final de la adolescencia, el riesgo de cardiopatía aumenta alrededor de un 5% y el riesgo de diabetes en un 10%. Un dato preocupante es el hecho de que en la Región, del 7 al 12% de los menores de cinco años tienen sobrepeso o son obesos.

Aunque las enfermedades no transmisibles representan una importante carga para la Región, estas pueden ser prevenidas. Si se eliminaran los cuatro factores de riesgo conductuales principales, se calcula que se podría prevenir el 80% de las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares y los casos de diabetes de tipo 2 y más del 40% de los cánceres. Existen diversas opciones preventivas eficaces en función de los costos.

Si no se toman las medidas necesarias, las enfermedades no transmisibles amenazarán la salud y el bienestar de los países de América Latina y el Caribe, y sus consecuencias se harán sentir más allá del sector de la salud. La carga que representan para los sistemas de salud, las economías, los sistemas educativos y los contribuyentes puede ser extraordinaria. En México, el tercer país de la Región en cuanto a volumen de población y economía se estima que, si la diabetes y la hipertensión siguen aumentando según las previsiones, el presupuesto sanitario deberá incrementarse entre el 5 y el 7% cada año.

Para reducir la aparición de nuevos casos de enfermedades no transmisibles y mitigar las consecuencias de las enfermedades existentes, se necesita que intervengan diferentes sectores. Los sistemas de salud y protección social son directamente responsables del tratamiento de las personas que padecen enfermedades no transmisibles.

Sin embargo, los principales factores de riesgo de las enfermedades no transmisibles se ven afectados por los determinantes sociales y múltiples factores interrelacionados que van más allá del sector de la salud. Por lo tanto, es necesario que todos los sectores se impliquen en el abordaje de las causas y las consecuencias de las enfermedades no transmisibles. Tanto los integrantes de los sectores público y privado como las organizaciones de la sociedad civil tienen un papel en este proceso.

La "Declaración de Buenos Aires"

Más de 55 organizaciones de toda América latina se reunieron el 3 y 4 de marzo de 2011 en Buenos Aires para conformar la CLAS, Coalición Latinoamérica Saludable, con el fin de coordinar los esfuerzos de la sociedad civil para reducir las enfermedades crónicas no transmisibles en la región y promover la participación de los Estados en la cumbre de alto nivel sobre enfermedades no transmisibles de Naciones Unidas (ONU) que tuvo lugar en septiembre de 2011 en Nueva York.

La reunión de Buenos Aires fue organizada por la Fundación Interamericana del Corazón (FIC), la Sociedad Latinoamericana y del Caribe de Oncología Médica, la Unión Internacional contra la Tuberculosis y Enfermedades Respiratorias, la Asociación latinoamericana de Diabetes y la Unión Internacional contra el Cáncer, con el apoyo de la
Organización Panamericana de la Salud (OPS), oficina regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El objetivo de la Coalición fue organizar a la sociedad civil latinoamericana para tener mayor injerencia en la Cumbre de Nueva York.

El grupo de ENT -que conforman el cáncer, enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes- causa el 60 por ciento de todas las muertes en el mundo, pero reciben sólo el 2,3 por ciento de la ayuda internacional para combatirlas. El 80% de estas muertes ocurren en países en desarrollo y las personas más pobres son las más afectadas. Las causas principales de las ENT son el tabaquismo, la falta de actividad física, la inadecuada alimentación y el consumo de alcohol.

El cáncer y las otras enfermedades crónicas no transmisibles no forman parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) por lo que es difícil conseguir fondos para combatirlas dado que no son una prioridad en la agenda global.

El problema de estas patologías no es solo de salud y médico, sino también un problema cultural, social, económico, legal y de inequidad.


Declaración latinoamericana frente a la emergencia sanitaria de las Enfermedades No Trasmisibles (ENT). Marzo 2011

Las organizaciones de la sociedad civil latinoamericana que abogamos por la salud y los derechos humanos, en el marco de la resolución de Naciones Unidas en la que se llama a los Estados a una reunión de alto nivel de la Asamblea General para la prevención y control de las ENT en Septiembre de 2011, declaramos que:

1. La OMS ha identificado a las siguientes enfermedades crónicas como las principales amenazas para la salud humana: enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes y enfermedades crónicas respiratorias.
2. Estas cuatro enfermedades causan la mayor combinación de muertes y discapacidad a nivel mundial, representan alrededor del 60% de las causas de muerte y del 44% de las muertes prematuras (35 millones de muertes anuales, 80% de las cuales se producen en países de bajos y medianos ingresos).
3. Las ENT representan un tema grave de salud pública y constituyen una emergencia sanitaria global. A pesar de ello y de los crecientes costos sanitarios que amenazan con colapsar los sistemas de salud publica y las propias economías de los países, las ENT reciben menos del 1% de los fondos destinados a la asistencia global al desarrollo.
4. Los principales factores de riesgo de las ENT son el uso de tabaco, la dieta inadecuada, la inactividad física y el consumo nocivo de alcohol, todos ellos determinantes sociales evitables y prevenibles que a su vez aumentan la hipertensión arterial, la dislipidemia y la obesidad.
5. El impacto de las ENT se ha profundizado como consecuencia de la modificación de los estilos de vida, el poder económico de las corporaciones que promueven el consumo de sustancias nocivas (tabaco, alcohol y alimentos inadecuados), las desigualdades sociales y la pobreza, la dificultad en el acceso a los servicios de salud, a todo lo cual se ha sumado a la inacción política y social.
6. Las ENT profundizan la inequidad social dado que, afectan más a las personas más pobres, a las de mas bajo nivel educativo, a los integrantes de algunos grupos étnicos y a las mujeres, que son quienes tienen menor acceso a los servicios de salud, por lo que constituyen un obstáculo para el Desarrollo humano, contrarrestan los esfuerzos de la lucha contra la pobreza e incrementan las inequidades en salud. A pesar de ello las ENT aun están fuera de la agenda política de la mayoría de los países y de los Objetivos del Milenio.
7. La prevención y el control de las ENT también constituyen una cuestión de derechos y desarrollo sustentable. Existe una serie de tratados internacionales a través de los cuales los Estados han asumido obligaciones y compromisos de garantizar derechos humanos esenciales que se conectan de manera directa con la prevención y el control de las ENT y que los Estados están implementando de manera insuficiente.
8. Además de la prevención y el control de las ENT, el tratamiento y el acceso de las personas que padecen estas enfermedades a servicios de saludes eficientes y asequibles es esencial para disminuir la morbimortalidad y mejorar la calidad de vida.
9. Las políticas requeridas para la reducción y el control de las ENT requieren el esfuerzo y la contribución de todos los sectores de la sociedad incluyendo a los gobiernos, a la sociedad civil, al sector privado, medios de comunicación, profesionales de la salud y del sector educación, entre otros actores sociales.

En función de las afirmaciones realizadas, las organizaciones abajo firmantes resolvemos crear la Coalición Latinoamérica Saludable (CLAS) para la prevención y control de las ENT.
Dada la magnitud y severidad del problema sanitario, social y económico que implican las ENT para nuestros países, urgimos a los jefes de Estado y de Gobierno a participar en la reunión de Alto Nivel de septiembre de 2011, en concordancia con la resolución 64/265/decisión 1-asamblea General UN 20 de mayo 2010.

Solicitamos a la Asamblea de las Naciones Unidas reunida en Nueva York en septiembre 2011 que incorpore las siguientes recomendaciones en la resolución que adopte.


RECOMENDACIONES GENERALES

1. Instrumentar políticas y acciones de promoción de salud, prevención y control de las ENT en todos los sectores y niveles de gobierno asegurando la asignación de recursos necesarios para ello, como estrategia esencial para reducir la pobreza y estimular el desarrollo.
2. Desarrollar e implementar un plan de acción y efectuar adecuada vigilancia de las ENT, sus consecuencias, sus factores de riesgo y evaluar el impacto de las políticas.
3. Impulsar la creación de órganos intersectoriales para la prevención y control de las ENT.
4. Incorporar a las organizaciones de la sociedad civil en instancias formales de participación antes, durante y después de la cumbre de ONU a fin de garantizar una cooperación intersectorial efectiva.
5. Informar a la comunidad a través de campañas en medios masivos de comunicación para la prevención, detección precoz y tratamiento de las ENT.


RECOMENDACIONES SOBRE POLÍTICAS PÚBLICAS POBLACIONALES PARA LA PREVENCION DE LAS ENT

6. Ratificar y acelerar el proceso de implementación del Convenio Marco para el Control del Tabaco, siguiendo las recomendaciones de las Conferencias de las Partes, en toda la región.
7. Promover la alimentación saludable a través de legislación y políticas que garanticen una adecuada reducción de sodio, azúcares y grasas trans en los alimentos procesados, que establezcan etiquetados y empaquetados que provean información y orientación veraz, que restrinjan la publicidad de alimentos y bebidas no saludables dirigida a menores, que garanticen ambientes alimentarios saludables para los niños y que promuevan el consumo de frutas, verduras y cereales integrales e hidratación a base de agua, entre otras medidas.
8. Promover la actividad física a través de acciones de base poblacional, legislación y políticas públicas basadas en la evidencia y que reduzcan las barreras a la actividad física.
9. Promover la reducción del consumo nocivo de alcohol a través de políticas públicas efectivas de reducción del acceso y restricción de la publicidad, promoción y patrocinio, entre otras.
10. Eliminar la interferencia de las corporaciones que promueven el consumo de tabaco, alcohol y alimentos no saludables a fin de reducir el acceso a dichos productos y proteger la salud de la población por encima de los intereses comerciales que mueven a dichas corporaciones.


RECOMENDACIONES SOBRE POLÍTICAS ORIENTADAS A LOS SISTEMAS DE SALUD

11. Garantizar la provisión de servicios de salud accesible, asequible y eficiente de prevención, diagnóstico precoz y tratamiento de las ENT y sus factores de riesgo, con énfasis especial en atención primaria de la salud. Asimismo es esencial garantizar el acceso y cobertura universal a tecnologías y medicamentos esenciales y costoefectivos para el tratamiento de las ENT a toda la población con especial énfasis en las más vulnerables.
12. Garantizar la educación y formación de los profesionales vinculados a la salud en el tratamiento integral de las ENT con especial énfasis en la promoción de la salud y prevención de las enfermedades.
13. Fortalecer la red de urgencias y emergencias para atender los eventos agudos que son consecuencia de las ENT y que con frecuencia son causa de muerte o discapacidad.